miércoles

El vidrio

Mirar por la ventana la distraía, le sacaba por un tiempo lo siniestro de encima.
Cuando ella se apoyó en el marco de acero por primera vez supo que nunca más podría dejar de mirar. No importa qué ni quién.
La vida le dio tanta sacudida que el instante en el que descansó su brazo sintió un gran escalofrío y se estremeció pero no de miedo, ni de asombro. Estremecerse con ansiedad buena, de esa que espera que algo maravilloso se encuentre del otro lado del vidrio. A veces el sol la sanaba y otras los niños la entretenían. 
Dos o tres horas miraba, cuando su mente se enredaba en recuerdos dolorosos agudizaba la vista y se iba más allá del edificio en torre que le cortaba el horizonte, a olvidar. 
Qué importa el dolor se decía, cuando te pegan tanto en el mismo lugar ya la zona está anestesiada naturalmente, porque el cuerpo sabe. La juzgaron, poniéndola en el banquillo de acusados por tonta, por creer que puede ser todo tan simple como respirar.
¿Quién mantiene el entusiasmo por la vida respirando únicamente? Ella lo creía con fervor. 
Así fue como recibió tanto golpe, literal a veces. Fue como se quedó sola porque no podía compartir nada con alguien que no viera eso, eso que se repetía para no caer, es simple, es simple, como un mantra, la vida es simple. 
Su mundo se había resumido a livianísimas tareas domésticas, un trabajo en casa que le permitía vivir bien sin privarse de nada, un gato tuerto y proyectos truncos, media cama vacía, un lavarropas aburrido y el vidrio de la ventana que un día empezó a transpirar y a quejarse por el vapor de su aliento. Se puso opaco, resistiéndose al limpiavidrios más que a las tormentas tropicales. Ya no le quería mostrar nada de afuera y se negaba a dejar pasar el sol para que curase y no le diera escalofríos el marco. 
Ella también se fue descuidando y su salud estaba perdida por abandono. Dejó el trabajo, lo dejó de hacer, el gato partió. 
La tarde del diez de marzo a eso de las tres sonó un crack, como si algo se quebrara, una fina rajadura empezó su camino desde lo más alto del ventanal hacia el piso.
Los chicos de la calle contaban que la que los miraba todos los días jugar ya no vivía más: Había una señorita que respiraba a través de la ventana, una vez que el vidrio se rompió su mundo terminó, dijo el más coloradito.



Última entrada del año, les deseo terminen super bien y empiecen de puta madre.
La vida es corta, no se distraigan. Disfruten, todo pasa...esto también.

6 comentarios:

  1. Pobre mujer.

    Gracias por tus deseow, me gusta como lo expresas. Que se cumplan ppara vos.

    Besos

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    1. La depresión puede ser terrible.
      Gracias Demi, un beso grande.

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  2. Tu texto es muy interesante. El mundo construido con el vaho de un cristal. Me ha encantado la nota del gato tuerto y ese lavarropa, lavadora aquí, aburrido. El mundo de una mujer puede ser muy doloroso, y si además hay maltrato, ya ni te digo.

    Muy buen texto, para finalizar un año que espero hay sido positivo y divertido. Un abrazo para ti y para el gato

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    1. Puede ser muy doloroso, lo vemos a diario.
      Fue un año intenso, por momentos horrible, pero he aprendido mucho.
      Un abrazo grande para vos. gracias por tus palabras y tus visitas.

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  3. Muy bueno, con imágenes muy intensas, pensaba en el mirar (no ver) desde la ventana, con detenimiento, para repasar y dilucidar. O por lo menos intentarlo, iluminar los rincones en penumbra, parafraseando a Mankell.
    Ojalá que pasen estos tiempos feroces. El mejor comienzo de año.
    Beso grande

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    1. Que pendiente tengo a Mankell!
      Ojala pasen pronto Horacio, se hace insoportable ya.
      Beso grande y buen comienzo.

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