jueves

Esos no son todos los vicios. Mauro Yakimiuk


Lo primero que me sale decir es pero qué tipo de mierda Marcos.
Lo segundo es que hace años no leía un libro en el mismo día.
La velocidad a la que te lleva desde el primer párrafo es tremenda. No podes frenar, pura adrenalina en primera persona.

Marcos, el personaje riquísimo que Mauro Yakimiuk nos presenta en este librazo, es un hijo de puta. El tipo que se cree impune, que se cree en serio que está haciendo el bien. Lo ves convertirse en un monstruo pero en el fondo no es más que un pobre pibe al que la 'vida' no dejó de maltratar. 
Marcos es así por una cantidad de secretos y mentiras que se van revelando en la trama y no le dan respiro. 
A vos tampoco lector, porque le pasa de todo en 111 páginas.
Este hombre te da una patada en el culo y te pide que le agradezcas. 
La bronca que te genera va in crescendo, por momentos no podes entender qué lo lleva a hacer tantas cosas, hasta que te da tremenda angustia y lo único que queres es abrazarlo.

Yo te agradezco Mauro por esta increíble historia y por tu amabilidad.
La reseña legal la encuentran en Internet, como siempre yo solo les cuento mi sensación de lectora voraz. 
Me encantó esta historia, la odié y no pude soltarla sino varios minutos después del final.

El prólogo de Luis Mey es genial.
La editorial es Azul Francia Editorial
Léanlo, háganse el favor.




miércoles

El vidrio

Mirar por la ventana la distraía, le sacaba por un tiempo lo siniestro de encima.
Cuando ella se apoyó en el marco de acero por primera vez supo que nunca más podría dejar de mirar. No importa qué ni quién.
La vida le dio tanta sacudida que el instante en el que descansó su brazo sintió un gran escalofrío y se estremeció pero no de miedo, ni de asombro. Estremecerse con ansiedad buena, de esa que espera que algo maravilloso se encuentre del otro lado del vidrio. A veces el sol la sanaba y otras los niños la entretenían. 
Dos o tres horas miraba, cuando su mente se enredaba en recuerdos dolorosos agudizaba la vista y se iba más allá del edificio en torre que le cortaba el horizonte, a olvidar. 
Qué importa el dolor se decía, cuando te pegan tanto en el mismo lugar ya la zona está anestesiada naturalmente, porque el cuerpo sabe. La juzgaron, poniéndola en el banquillo de acusados por tonta, por creer que puede ser todo tan simple como respirar.
¿Quién mantiene el entusiasmo por la vida respirando únicamente? Ella lo creía con fervor. 
Así fue como recibió tanto golpe, literal a veces. Fue como se quedó sola porque no podía compartir nada con alguien que no viera eso, eso que se repetía para no caer, es simple, es simple, como un mantra, la vida es simple. 
Su mundo se había resumido a livianísimas tareas domésticas, un trabajo en casa que le permitía vivir bien sin privarse de nada, un gato tuerto y proyectos truncos, media cama vacía, un lavarropas aburrido y el vidrio de la ventana que un día empezó a transpirar y a quejarse por el vapor de su aliento. Se puso opaco, resistiéndose al limpiavidrios más que a las tormentas tropicales. Ya no le quería mostrar nada de afuera y se negaba a dejar pasar el sol para que curase y no le diera escalofríos el marco. 
Ella también se fue descuidando y su salud estaba perdida por abandono. Dejó el trabajo, lo dejó de hacer, el gato partió. 
La tarde del diez de marzo a eso de las tres sonó un crack, como si algo se quebrara, una fina rajadura empezó su camino desde lo más alto del ventanal hacia el piso.
Los chicos de la calle contaban que la que los miraba todos los días jugar ya no vivía más: Había una señorita que respiraba a través de la ventana, una vez que el vidrio se rompió su mundo terminó, dijo el más coloradito.



Última entrada del año, les deseo terminen super bien y empiecen de puta madre.
La vida es corta, no se distraigan. Disfruten, todo pasa...esto también.

Oso

El amor no debería doler, le digo a una imagen tuya que tengo en la galería del teléfono.
No debería doler, mientras miro tu ojo recién abierto esa mañana que me diste los buenos días con la mirada.
Nos conocimos en invierno, fuiste como un oso pardo que me abrazaba y me daba besos sabor café.
El amor debería ser solo eso, besos y abrazos.
Debería ser suficiente.
Sin expectativas, sin reclamos, sin pensé que pensaste.
El amor no tendría que doler, no. Pero cuando uno deja de sentir al otro, cuando una foto queda colgada y no sabes qué hacer, duele.
Cuando el ay sale apenas silencioso, como un suspiro, cada vez que tu sonrisa es captada por alguien más.
Muy adentro mío el amor que te siente está protegido. 
Tal vez no deje que se vaya, tal vez sea lo único que quiera conservar.
Fuimos algo más que hacernos bien.
Algún día oso, algún día, no dolerá. 



Fax

Hola, decime tienen para mandar fax? - yo
Sí claro, queres mandar uno? - él
Si, obvio. - Habría que sacarle una fotocopia porque está rota la receta. - yo
La arrancaste con los dientes? - él
No, fue el médico. - yo
(..tiempo que transcurre mientras él saca fotocopias y yo espero y lo miro..)
Me das el número del fax así lo anoto para la respuesta?- yo
Te puedo dar el número de mi teléfono también. - él
Manda fax? - yo
No, todavía no. - él
Entonces cuando tu teléfono mande fax me das el número. - yo
(..tiempo que transcurre mientras yo espero y él manda el fax y me mira..)


Esto pasó en un tiempo muy muy lejano, cuando los aparatos esos vivían en un lugar llamado Locutorio, donde la gente se reunía a hacer llamadas de voz. Y había que pagar unas cosas llamadas fichas.
También sacaban fotocopias, y en este en particular, te seducían.



domingo

# 10


anoche soñé con vos,
hace años no pasaba
al despertar a oscuras miré
hacia donde está el libro que me dedicaste.
lo usual, el insomnio, no
ocurrió.
esta vez me di vuelta, seguí durmiendo.





sábado

#9

Me enamoré de vos. 
Y me di cuenta un millón de años después.
A veces siento que mi reloj interno tiene la hora de Marte.
Por eso no coincido cuando coincidimos.
Por eso es tan tarde que duele. 
O tan temprano que asusta. 
Y huyo sin intentarlo.
Para después navegar los recuerdos.