viernes

Por favor.

Si alguna vez pierdo las ganas, si me come la rutina. Si defenestro el entusiasmo y veo todos los colores en blanco y negro. 
Si me ves con la frente fruncida, la mirada perdida. Si digo cosas ridículas como: que insoportable la humedad -cada diez minutos-.
O te das cuenta que no vi el atardecer sentada en el balcón, en serio, decime las palabras más lindas que te salgan. Mirame con esos ojos tiernos y protectores. Abrazame como oso (es envolviendo mi torso con ambos brazos, tus axilas sobre mis hombros y mi cabeza sobre tu cuello), apretá fuerte.
Si alguna vez me pierdo, no dejes que compre libros tristes, ni que mire de reojo los noticieros. 
No me dejes ahogar en el desconsuelo de los otros. 
Tomá mi cara entre tus manos y pedime que vuelva.


miércoles

#4

quiero creer que es posible
que de un beso
nazca una historia
que me lleve de la mano
por la montaña
entre emociones desorientadas
buscando el gps 
de mi vida,
ese que no 
quiero usar más.


lunes

#3

Me acuerdo esa tarde que se hizo noche y luego mañana.
Me acuerdo que sonreiste. Que nunca dejaste de sonreír.
Me acuerdo del perfume que dejaste en mi cuello y las manos.
Esas manos que huellan.
Los besos, la pared que nos contuvo por unos instantes.
Me acuerdo tu nombre de esa tarde
y el amanecer, un café y dos tostadas.


Dana

miércoles

#2


Iba a ser el sueño de alguien pero me dormí y no supe de quién.


lunes

De eso no se habla.

En el fondo del baúl antiguo que había pasado por cada descendiente desde los bisabuelos tanos hasta llegar a Daiana, había polvo y una carta.
La curiosidad mató al gato pero antes leyó:

Querida Silvina:
¿Cuánto dolor tenes que tener para herir a cualquiera que te mire fijo más de dos segundos, no?
¿Cuánto te tuvieron que lastimar para que destiles veneno para todos lados, incluso hacia aquellos que te aman? Y son tan pocos. Tan pocos.
Nada es casualidad, Silvina.
Tu enfermedad no lo fue, tu reincidencia tampoco. Nunca debiste escupir al techo, querida.
Quisiera que des vuelta por el limbo eterno y no reencarnes nunca pero tenes tanta suerte que seguro te toca hacerlo en un lugar lleno de amor.
Una señora mayor, enferma, en la soledad más absoluta no merece reencarnar en una serpiente por ejemplo. 
Ni te deseo la serpiente, no se, no te deseo nada en realidad.
Sólo que te dejes de joder de una vez.
Yo. Sí, ya sabes quien soy.

Daiana nunca había oído en las reuniones familiares sobre Silvina, mucho menos podría identificar a Yo, pensó en preguntarle a alguno de los vivos pero se arrepintió.
Rompió la carta en diez pedazos y publicó el baúl en Mercado Libre.


viernes

Pompas.

Exquisito placer el del agua tibia cayendo sobre la piel un día nublado y fresco. 
Jabón blanco cremoso que limpia sin resecar la sensación del delito cometido.



(c) Dana



miércoles

Dejá.

Dejá que me siente en el sofá, me haga un bollito, apoye la cabeza en tu hombro y bese tu cuello.
Dejame sentir el perfume que no tiene marca, el calor que no tiene cargo fijo.
Haceme mimos en el brazo con la punta de los dedos, abrazame.
Apretame fuerte contra tu cuerpo para que esté segura.
Sacá, por favor, la ansiedad que me quede encima con un beso que abarque cada milímetro de la boca, desde la comisura hacia el centro.
Que no me quede aire.
Que no me falten ganas.
Que sea lo que sea.
Que sueñe con vos.
Que quiera y te quiera.
Dale, dejá.

lunes

#1

Soy intermitente,
sí me interrumpo.
Sigo
cambio
estoy bien.
Cambio.
Dura poco
desaparezco vuelvo
necesito y quien sabe.
Me besas el cuello 
mientras tiras del 
pelo y duele un poco,
me mordes la nuca
sigo, cambio
giro
la boca, que me comas.
Interrumpo y 
suspiro.



viernes

Estadística.

"No puedo evitar la tristeza que me causa la comodidad. Algo está mal si me duelen tanto las piernas de tenerlas quietas, no sirvo para esta vida de tradiciones y costumbres. Ya no tengo ni una sola motivación para nada. No es más mi deseo jugar al marido convencional, no entiendo las reuniones familiares y la misa de los domingos. Te abrazo y pienso en escaparnos, en huir sin decirle a nadie y ni se por qué tendríamos que ocultarlo o pedir permiso. Abandono el saco y la corbata, Juana, el disfraz no lo quiero más. Espero que mi decisión no te afecte en el tiempo, que sea un duelo corto y justo. No merezco tu devoción, soy un pobre tipo que se obligó a creer en las estructuras. Recordame como el que adivinó qué marca de chocolate te gusta. 
No me odies, vas a ensuciar tu corazón."


La nota en el bolsillo del saco del cadáver hallado en el costado de la ruta tenía un número de teléfono. El policía llamó justo después de leerla, el timbre sonó cinco veces hasta que una mujer atendió. Del otro lado de la línea Juana lo supo antes de que le dijeran algo: uno de cada diez maridos muere de aburrimiento, le escuchó una vez a la vecina y a ella le tocó.



(c) 2017

miércoles

24hs.

Cómo podes ser tan caradura de irte sin explicar?
Cómo podes pedir fuego si no fumas?
Cómo te haces el pirata si no sabes usar el parche?
Cómo hace la gente que hace como que no pasa nada cuando pasan mil cosas?
Cómo finge la gente que siente mil cosas pero parece que no siente nada?
Cómo viven los que dicen que no quieren vivir más?
Cómo se sigue eligiendo lo que ha desaparecido?


lunes

Mujer gris y sola.

El corazón me dejó de latir durante varios segundos, sentí frío y vi todo nublado pero no perdí el conocimiento. 
Fue un aviso, un llamado de atención, no va a pasar nada. Sólo un cachetazo a mi vivir, a mi comportamiento desagradecido y soberbio.
Quién me creía que era, con qué derecho me veía superior a los demás y juzgaba a mi familia. Cuál era mi lugar en todo el sufrimiento que había entre nosotros. 
Acaso tenía que aceptar que mi misión en esta vida era ser una desgraciada? Tenían que pagar los otros mis equivocaciones y mis resentimientos? 
Sufrir una vida de mierda, un padre alcohólico y una madre cizañera, con dos hermanos envidiosos que se echaban culpas y no se hacían cargo de nada.
Eso tengo aquí debajo de esta piel enferma, eso tengo. Dolor por no haber estado, dolor por no haber aprendido a perdonar. 
Qué más podía ser, un simple paro cardíaco? No, no puede ser tan fácil, yo tengo que tener algo más importante, no es justo.
La camilla volaba por el pasillo del hospital hacia terapia. 
Una mujer, una mujer gris y sola, que tenía el tupé de cuestionar hasta el final de su vida.