viernes

Matate, amor. Ariana Harwicz

Cuando salgo de la oficina intento cambiar el recorrido de vuelta a casa porque me aburre ir siempre por el mismo lugar.
Entonces voy doblando por las esquinas, sumando cuadras que no debería sumar pero que básicamente no me importa.
En una de esas vueltas de más, agarré Paraguay para el lado de Reconquista y mientras miraba los edificios que tantos años miré de noche, me encuentro con la librería Menéndez. Que dicho sea de paso es una de mis favoritas. Y sí, sabía que estaba ahí pero me la encontré de golpe.
Adentro, que linda libreria por favor, estaba este libro paradito frente a mi. Busqué otros y lo miraba de reojo, leí contratapas y lo miraba de reojo, revolví la mesa de ofertas y sí, lo fui a buscar al estante, ya fue. Es mío.

Matate, amor habla de una mujer que se siente insatisfecha con todo, la protagonista de este relato es una criatura salvaje que busca desesperadamente otra vida.
Huye del fastidio de la familia tipo, de su bebé, del lugar donde vive, de la casa, los vecinos, su suegra. Tiene un hartazgo que la lleva a buscar al bosque lindero a su patio ese oxígeno que necesita para no morir.
Aunque quiere morir. Lo sueña, fantasea, hace intentos tales como atravesar el vidrio del ventanal para internarse en medio de los árboles. Y tirarse en el pasto a hacer nada, a pensar nada. Su forma de autocompasión. 
Esta mujer que quiere dejar a su bebé, que no la traten como una imbécil que pierde el tiempo, que se desprecia, que ve a la vida matrimonial y a la maternidad como algo que la invade, que es repetitivo y monótono. 
Esta mujer puede generar un odio absoluto, una bronca moderada, una similitud exasperante o un cariño descomunal. 
Es una border, sí. Es una mujer condenada a la autodestrucción, sí. 
Es un personaje alucinante que la autora creó: 
“Una mujer que se desprecia a sí misma porque no es lo que quería o podía ser, no sé cuánta idea del amor puede tener. No hay una idea de mujer sino un personaje creado, si ven en ella a una gitana, si la ven masculinizada o animalizada, o como a alguien enfermo, todo eso puede ser verdad."
Harwicz usa la primera persona para narrar la novela y es muy oportuno porque mantiene la adrenalina, el ritmo acelerado durante toda la lectura. Tiene una prosa fuerte e hiriente. 
Cada capítulo es un golpe directo, un shock, un hachazo.

No se que mas escribir para que noten que me cerró por todos lados.






miércoles

Reminiscencia.

Suave viento el de otoño que la envolvió caminando hacia el puente que iba a cruzar. Llevaba abrigo, jean gastado y botas con piel, tal vez esto último haya sido exagerado de su parte pero cómo evitar el exceso.
Cuando subió el pie derecho al primer escalón como un acto reflejo lo miró, le faltaba la bota y su pantalón era una media red, más arriba un minishort con la blusa verde. 
El atuendo cambiaba a velocidad increíble como si fuera una interferencia pero seguía siendo ella, lo sentía. 
Ella con su otra ella, el pasado, la nostalgia y los sentimientos.
Se quedó quieta durante unos segundos. Subió el otro pie que estaba bien, al apoyar el derecho en el tercer escalón todo volvió a la normalidad. 
Sacudió la cabeza, buscó testigos pero estaba sola con sus ojos de ayer.



viernes

besoabeso

Dale
besame hasta que nos cansemos,
hasta que nos duelan los labios

chapemos fuerte ahora
antes de que se nos caigan los postizos 
al abrir la boca

besame, como no?
va a anochecer
y tengo frío

Y tus manos a oscuras
que me desnuden
por si viene alguien y duda.
  


miércoles

De pronto.

De pronto te das cuenta que te esperaba, que te fuiste sin avisar y así y todo te esperaba como siempre. 
Llegaste llena de ideas, la de la casa, la del viejo baúl y esa que primero rechazaste por ridícula y después te terminó gustando: la de la plancha en la pileta. Hacer la plancha en la pileta era una punta tonta para empezar un cuento, sin embargo lo estuviste escribiendo durante veinte minutos en tu cabeza. 
Volviste y la mesa estaba servida, unas masitas de manteca y membrillo, la tetera humeante y tu taza de flores (la que te recordaba lo femenino de tu mundo). 
"¿Té con leche como siempre?" -preguntó tu tía que sabe que odias el té con leche y espera que le digas que lo odias para contestar que volviste un poco alterada. 
Te fuiste un mes, nada serio, nada grave considerando que los treinta y cuatro años que tenes te habilitan. Pero aunque sea podrías haber llamado.
"Earl grey con dos cucharaditas de azúcar, por favor."
Tu madre estaba acostumbrada a escapadas literarias, a huidas amorosas, a los "necesito tiempo para pensar una idea que se me ocurrió mientras me pasabas el peine fino mamá, no sabes que buena que está." Corrías a tu habitación y mientras buscabas el lápiz negro y el bloc de hojas, ella colgaba un cartel en la puerta que habían hecho una tarde de lluvia: No molestar, escritora en proceso.
Cómo extrañas a tu mamá, era tan divertida. La tía te hizo suya una vez que ella no pudo más, te mandó al colegio, a la universidad. Te consiguió trabajo en la farmacia, tu primer trabajo. Si su hermana viviera no trabajarías más que de escritora, pero no vive porque no quiso. 
La tía te quiere pero detesta como te criaron hasta que te agarró. Detesta tanta libertad para ir y venir, no lo soporta ni un poco. Claro que no te dice nada desde esa vez que le gritaste en medio de la calle que no era tu mamá, nunca te trató distinto a pesar del dolor que sintió. Sabía que cuando se te daba la gana de volver lo hacías por la tarde y preparaba el té con las masitas. 
Corriste a tu habitación, nadie iba a colgar el cartel, el bloc no estaba y sólo había unas hojas sueltas. Tomaste el lápiz negro, tenías que escribir la idea de la pileta y la plancha -qué lindas tardes de sol pasaste-, pero la idea estaba difusa y no encontrabas las palabras justas. 
Podías echarle la culpa a ella, decir que te distrajo con sus historias del pasado, esa manía que tiene de comparar épocas como si resultara útil. Pero no era la tía, qué podía hacer ella, qué vida tuvo y vos tan cocorita. 
Tu ejercicio ya no salía, escaparse no funcionaba más y las ideas que se te ocurrían eran breves flashes del momento en el que tu energía se recargaba y sentías que podías con todo, todo lo que tu madre no supo. Después pasaba y venía el vacío ese que te daba náuseas.
Mejor te vas a dormir un rato -te soplaron al oído- no sea que tanta vuelta te maree y termines vomitando en serio.
La idea de la plancha era buenísima, murmuraste y ya.



lunes

Te quiero, extraño.

Un encuentro al año no parece lo mas acertado teniendo en cuenta el sentimiento expreso del cuerpo de uno hacia el cuerpo del otro. 
Casi una exigencia la de envolverse en sudor, pegotearse con fluidos varios y sacudirse con ritmo desparejo, por la ansiedad, por la torpeza.
No es correcto que pase ese tiempo sin sentirse, sin gozarse. No lo ven injusto? 
Esperar un año para abrazarse como nunca, mirarse con bravura, hundir los dedos en la carne. Besarse con sal, en el lugar mas feo de la tarde, inhóspito, incómodo, insulso. 
Un movimiento de memoria que se impulsa por ese amor que perdura, a través de.
Y que cuando estamos a punto uno pregunte que queres y el otro diga lo que vos quierasNo importa si costó, si fue inapropiado, riesgoso, si dolió, si no era el lugar. Si lo dije yo si lo dijiste vos. Un latiguillo que se repite que querés.
Y en serio no importa si llegamos queriendo mas, menos, igual. Si fue un engaño, un no podemos hacer tanto lío juntos
La excusa -que no varía- de pasar a saludarnos, dejó de funcionar hace mil. Fue desde el principio poco creíble, sabemos.
No importa, yo quiero todo de vos, todo lo que me dejes.
Porque el otro se siente tan all inclusive.

miércoles

Sueño en blanco y negro.

Tu mano se deslizó por debajo de la sábana y llegó hasta mi vientre donde se durmió.
El peso de las yemas por momentos es molesto y de a ratos me calienta.
Te miro, no se si despertarte. 
Qué tan mayores somos para un polvo de madrugada cuando el despertador está pronto a sonar?
El sexo con vos es tan bueno, te lo dije mil veces. La pasamos muy bien en pelotas, jugando, sin vergüenza, con total libertad de hacernos y deshacernos. 
Nos reímos de eso.
Mi cuerpo siente cada cosa que le das, mi piel está tan susceptible que el mínimo roce la despabila, la eriza. 
Nos costó llegar a esto, nos costó rutina y embole. No fue en vano, no?
Y sí, vamos a hacerlo, a quién le importa un día entero de sueño por coger.
Giré el brazo hacia la derecha para acariciar tu barba y me desperté.



martes

Severina. Rodrigo Rey Rosa

Estaba acomodando la biblioteca anoche, el sueño no llegaba y este libro cayó a mis pies. No se bien cómo lo hizo.
Suelen pasarme estas cosas.
Les conté que La ignorancia de Milan Kundera apareció delante mío en plena avenida Córdoba llena de gente y no era de nadie?
Si bien lo leí hace años considero oportuno leerlo de nuevo. Así lo quiso.
Rey Rosa es un reconocido escritor guatemalteco y tiene una forma de escribir tan sensual.
Lo sentida que me resultó su lectura. Otra vez, porque ya hizo esto conmigo antes.
Me pasó lo mismo que en esa parte del libro que dice:

No nos dimos otra cita; era como si hubiera un acuerdo secreto entre nosotros: 
volveríamos a vernos.




Lo releí en una tarde. Son 100 páginas, no me crean superpoderosa.

Un escritor que se siente fracasado atiende una librería que puso con socios que sienten más o menos lo mismo.
La atiende algunos días y otros los usa para hacer que escribe.
Hasta que llega "llamame Ana" al lugar y lo revoluciona absolutamente.
La señorita, con acento argentino o uruguayo que tal vez sea hondureña o quien sabe de donde, roba libros.
Y él se enamora profundamente.

Hay muchas cosas interesantes en la novela, el amor, todo lo que rodea al amor, todos los quilombos que trae el amor, todo lo sutil y maravilloso que muestra de cada uno. Y toda la sorpresa.
La inseguridad que trae el amor, Rey Rosa describe exactamente lo que sentimos enamorados.
Ese cambio repentino de ánimo, de estado. Esas conversaciones internas que mantenemos en nombre del amor de turno.
Hay un tema con la libertad y la forma de vivir, de Ana y el señor grande que la acompaña. (no quiero spoilear)
El engaño en todas sus formas, todas. Bueno, ella roba, el señor grande también, él se autoengaña todo el tiempo...y los demás personajes. Basta!
No falta la cita de libros, de escritores. La novela gira en torno a ellos.
Un tono de misterio que mantiene desde el principio al final pero que no es protagonista. Entiendo que nada se sabe, pero no se si quiero saber o si eso es importante para mí.
El suceso que desencadena el final surge naturalmente, como lectora no esperaba otra cosa más que lo que pasó.
Y no se si esta bueno o malo, en esta historia cerró.
Tiene la manera de decir justa, no sobran palabras. Es una prosa concisa, exacta.

Soñaba despierto más que dormido. Imaginaba una y otra vez escenas en las que nos encontrábamos. Le hablaba con claridad. Aunque sabía (pero no, no lo sabía) que robar para ella no era un síntoma sino una razón de ser.

La razón de ser de Ana, como la de cada uno, si es bien distinta al otro...te atrapa.
Esta bueno.
Si lo consiguen genial y sino se comunican con *1312danapresta.
Eme, es un chiste.



lunes

...

Cuánto caos,
es sólo mi incendio tocando tus hielos.

Ya pasará.


Paola Soto.


miércoles

Hay algo en el aire.

Nada más eléctrico para dos cuerpos que se buscan que un acercamiento lento, un contacto breve, un roce de miradas, el dedo arrastrándose por el brazo, ese perfume despiadado que intoxica. ¿Qué hace más cortocircuito sanguíneo que una mirada profunda -que atraviesa paredes-, que una palabra susurrada al oído en un pasillo a media luz?


domingo

Memoria de lo posible. Angie Pagnotta

Cuando conocí a Angie, en el ciclo de lectura De amor, locura y muerte, después del clásico saludo inicial fui testigo del momento en el que hizo real, palpable, una decisión tomada.
Frente a mí, una desconocida. Y fue tan fuerte como sonó, como deseo que no se pudo contener. Me dio una alegría enorme y ni siquiera sabia por qué.
A veces no es necesario saber para sentirse cómplice.




Memoria de lo posible es un libro de cuentos que me hizo sentir lo mismo.
Si bien como narradora toma distancia de los personajes, sutilmente los mantiene cerca. Con una forma de contar tan movilizante que es "imposible" no sentir empatía con esta gente que habita un libro tan bello.
Explotan los once cuentos, como su deseo de decir en voz alta aquella noche en Esfera, con vino y empanadas de por medio. 
Explotan de dudas, de rencores, de fracasos. También de aguante y de recuerdos. De añoranza.
Todos los estados del amor, todos por los que pasamos tantas veces. Incluso al mismo tiempo.
Ese amor que es puro blabla, un invento, ese que queremos que sea pero no es.
Relato 6 es un maravilloso cuento de traspaso, de amor a rencor. Todo eso que nos pasa cuando algo no va, no encaja aunque hagamos presión y después, la bronca. Tan impulsivo.
Mareo es de lo mas dulce que leí últimamente: "Supongo que esa vibración de los dos es tan necesaria que en cierta medida se marca un tiempo, una escala, una pulsión que late constante".
Atravesar el puente habla de arriesgarse, de dejarse llevar por ese cosquilleo que sucede cuando las miradas se cruzan con otro a pesar de no saber quien es. Y te voltea de fantasía, te la jugas. Porque no hay otra forma de vivir a mi entender.
Memoria de lo posible habla de imposibles también, de lo que nos gustaría ser y tener. De sueños, de búsquedas:
"¿Y cuántas veces te busqué a la orilla del cielo?"
Cuántas veces soñamos despiertos mirando al cielo?
Miles por segundo, al menos yo. Ya saben que sueño mucho despierta.
Cuántas veces confundimos amor con sexo o sexo con amor. 
Cuántos sexos no fueron por el concepto de amor. Cuántos amores no funcionaron por sexo...cuántas preguntas Dana.

Es un libro que te hace sonreír en muchos párrafos, crudo de a ratos, partiendo de una realidad inobjetable y es que nadie puede dejar de hacerse preguntas sobre el amor. Y muchas veces las respuestas son pura contradicción. 
Un libro de leer fluído, rápido. De relectura necesaria. De mesita de luz para cuando quieras soñar lindo.
Encontrar la comunión con lo que somos y lo que reflejamos al mundo es como Angie define escribir.
Para mi lo logró.

Dejé mi corazón en Refugio en el mar.