lunes

Estúpida razón.

Le dijo hoy nos vemos. Luego que no podía. La llamó otro día. Le dijo esta noche. Le pidió disculpas pero no iba a poder de nuevo. Le dijo muchos meses sin vernos. Le dijo que era su culpa. Se decidió finalmente. La pasó a buscar por el trabajo y la abrazó suavemente. La invitó a tomar café. Le dijo que estaba muy linda. Le preguntó muchas cosas. Le pidió disculpas por tener que atender el teléfono. Siguió mirándola a ella y al celular media hora más. Le dijo que tenía que irse. La invitó a caminar un rato. La tomó de la mano. Le rodeó la cintura. Le regaló besos en la mejilla. Le dijo que era hermosa. Y lo repitió mientras acariciaba su brazo. La tentó a sentarse quince minutos en el banco de una plaza. Y a besarse apasionadamente. Le dijo que le encantaría tener más tiempo. La hizo recordar cada uno de sus encuentros íntimos. La hizo reír a carcajadas y se rió a carcajadas. Le levantó la remera contra una columna. Le acarició la espalda. Le dio besos en la frente, en la nariz y en el cuello. Le metió la mano dentro del pantalón. La acarició despacio. La llenó de contracciones. Le llevó la mano a su pantalón. Se llenó de contracciones. Le ofreció quince minutos más. La llevó hasta la puerta de un hotel. Le dijo que tenía que irse pero no quería. Miró su reloj cinco veces. La besó profundamente. Se dijo no podemos entrar, no sería justo. Le dijo que estaba loca por tatuarse sus iniciales pero que adoraba verlas en su muñeca. Le dijo que no tenía mucho más por darle. Y sonrió cuando escuchó que todo estaba bien. Le dijo que la querría para siempre pero que era muy difícil ahora. La volvió a abrazar suavemente. Le dio el último beso. Se marchó con prisa. Giró a unos metros y le sonrió.  Ella siguió un rato más parada en la esquina, mirándolo. De pronto sintió escalofrío, y se envolvió con los brazos. Se rió. Empezó tímidamente y luego sin poder evitar la tentación. La gente la miraba y se contagiaba. Al calmarse pensó que las razones para ese amor ya no existen.




miércoles

Aniversario


La imagen que devolvía el espejo una vez refregado por la toalla era la de una mina que recién acababa con todo. Ojos vidriosos, labios hacia abajo, cansancio extremo. 
Al cumplir diez años de casados, en una visita a modo de revival al albergue transitorio donde fueron la primera vez y luego de quedar exhaustos por un acto aún soberbio, le dijo a su marido que lo engañaba desde siempre. 
Minutos de gestos imperceptibles, de corazones galopando y esa copa cayó justo cuando se prestaba a brindar; una puteada, desequilibrio y el intento de atajada que resultó inútil. 
Ambos, cuerpo a cuerpo sobre el vidrio y con un forzado último abrazo, lloraron. 




lunes

No respires

cómo hacer amor para que tu aliento siga recorriendo mi cuello para repetir y repetir ese instante volver a medir el espacio mínimo entre los cuerpos y sentirme tan vulnerable cómo hacer amor para que se borren las palabras lo que dije y lo que dijiste lo que pensamos lo que callamos desaparezca retome la cercanía tu boca mi espalda la vida.


viernes

El calor afuera.

Hace noches que los sueños te traen a verme.
Tu perfume mezclado con el calor que el ventilador de techo se encapricha en desparramar por la pieza.
Que la piel se erice en sueños, dónde se ha visto.
Qué clase de magia usas para aparecerte noche tras noche sin darme descanso.
Me respiras en la cara, levantas la sábana que me cubre, metes tus manos. 
Me tocas, acaricias mi cuerpo entero que por extraña razón se deja. Te deja.
Todo es tan caliente.
Mientras me devoras los pezones con tus labios carnosos acabo tantas veces que tiemblo, aún así no me despierto.
Hace noches que los sueños te traen a verme.



lunes

Italparka. Antología.

Una antología de 15 relatos de horror en parques de diversiones.
Monstruos y fantasmas. Autos chocadores y montañas rusas.
Atracciones que muestran los dientes en un lugar en el que no todo es lo que parece.

Así dice la contratapa. ¿En qué estaba pensando cuando compré este libro?
Ya se, en lo que me asustó leer 3 días.
Santa Guadaña lo hizo de nuevo, me metí en esto por culpa de Gonzalo Ventura.
Pueden leer como lo conocí y como terminé siendo su casi fan en la etiqueta que dice Lecturas. 

El prólogo de este libro es un viaje en super 8 volante de recuerdos hermosos que tuve en el ItalPark, nada que ver con los cuentos que le siguen.
Mis recuerdos en ese parque de diversiones están llenos de alegría y copos de algodón rosado.
Los cuentos seleccionados para esta antología son muy buenos, algunos increíbles, otros menos increíbles. Pero loco hay que escribir terror, chapeau. 
Como dice en la contratapa están ambientados en parques de diversiones, con lo cual se imaginaran que abundan espejos siniestros, fantasmas, payasos mas malos que It, muertos vivos, monstruos, montañas rusas que no frenan, enanos malditos, dientes afilados, muñecas terroríficas, el adivino (que casualmente en ese cuento era bueno), muertes, mutilaciones, uf.
Tantas veces dije aghh, uhh, ay no. Genial no? Cumplieron su objetivo, me asusté.

El otro día en mis historias de Instagram leí el comienzo de Un odio que incendiase todo de Gonzalo Ventura. No, no lo voy a repetir. Lo escribo mejor.

1977
El parto había sido en un sótano. No sabía bien cuánto había pasado de eso, pero ahora la tenían atada a un camastro con un colchón todo sucio y de vez en cuando le traían al nene para que le diera la teta.
Sintió que alguien se acercaba del otro lado de la puerta y trato de aguantar el miedo. Podían ser dos cosas: iba a ver a su hijo o la iban a llevar para torturarla.
Escuchó los ruidos de las llaves. Ella estaba vendada, pero igual veía un poco. Lo suficiente como para saber quién era el que entraba. No había tenido suerte. No le traían al nene.

Este cuento me impactó más allá del tema del parque, porque tiene una historia terrible que es parte de nuestro pasado como país. Muy bien encajado todo. Ya desde el inicio te pone en la parte más alta de la montaña rusa y te empuja en un par de párrafos más adelante.




Otro cuento que también me gustó mucho es Hay olor otra vez, Rubén de Martín Etchandy. Me gustó porque amolda el tema de la soledad, las relaciones de pareja con el terror. Cómo uno siente tanto miedo al verse acorralado por el otro y actúa en consecuencia, en consecuencia de un cuento de terror, no?
Una partecita:

Luego de que Iván, el desaliñado veinteañero que tenía a su cargo las hamacas voladoras, apagara la última atracción del lugar, Rubén cerró el candado de ingreso y se sentó a tomar un plato de sopa de verduras. Mientras disfrutaba del exquisito caldo y veía flotar los granos de choclo y pequeños trozos de zapallo en la cuchara, volvió a recordar aquellos momentos felices de su última relación. La Turca, había sido una mujer casada, ignorada por su marido, el cual solía desaparecer por varios días y volver borracho y malhumorado.

Conmigo este género se hace un festín. 
Yo que me sacaba los cartones que hacían de anteojos 3D cuando vi Tiburón en el 1900, yo que no podía ni ver Mingo y Anibal contra los fantasmas sólo por el título. Yo que casi vomito con el Exorcista y con 3 días del susodicho que mencioné más arriba.
El género se hace un festín conmigo, claro, si logran pegarme cada susto.
Funciona, se entiende.
La edición de Santa Guadaña es muy buena, buen papel, buenísima la tapa.
El día que fui a la presentación de la segunda edición en La Revistería tuve el placer de conocer a un par de sus autores y que me firmaran el libro: con lápiz negro. 
Y lo asocie con eso de madurar el hecho de usar lápiz y no tinta, aunque el motivo fuera completamente distinto...ja!
En el prólogo Gonzalo escribe que todavia se siente en el Italpark y que eso no lo ve como un síntoma de no haber madurado. Al contrario, le parece genial sentirse ahí.
Leer terror y asustarte si es un síntoma de no haber madurado, por suerte.
Creer por unas páginas que abajo de la cama hay monstruos.
Este libro te deja eso.

Al que le gusta el susto y al que no, esta antología les va a encantar porque entre cuento y cuento te deja respirar.

Gracias por leerme.
Nos vemos luego.