lunes

#3

Me acuerdo esa tarde que se hizo noche y luego mañana.
Me acuerdo que sonreiste. Que nunca dejaste de sonreír.
Me acuerdo del perfume que dejaste en mi cuello y las manos.
Esas manos que huellan.
Los besos, la pared que nos contuvo por unos instantes.
Me acuerdo tu nombre de esa tarde
y el amanecer, un café y dos tostadas.


Dana

miércoles

#2


Iba a ser el sueño de alguien pero me dormí y no supe de quién.


lunes

De eso no se habla.

En el fondo del baúl antiguo que había pasado por cada descendiente desde los bisabuelos tanos hasta llegar a Daiana, había polvo y una carta.
La curiosidad mató al gato pero antes leyó:

Querida Silvina:
¿Cuánto dolor tenes que tener para herir a cualquiera que te mire fijo más de dos segundos, no?
¿Cuánto te tuvieron que lastimar para que destiles veneno para todos lados, incluso hacia aquellos que te aman? Y son tan pocos. Tan pocos.
Nada es casualidad, Silvina.
Tu enfermedad no lo fue, tu reincidencia tampoco. Nunca debiste escupir al techo, querida.
Quisiera que des vuelta por el limbo eterno y no reencarnes nunca pero tenes tanta suerte que seguro te toca hacerlo en un lugar lleno de amor.
Una señora mayor, enferma, en la soledad más absoluta no merece reencarnar en una serpiente por ejemplo. 
Ni te deseo la serpiente, no se, no te deseo nada en realidad.
Sólo que te dejes de joder de una vez.
Yo. Sí, ya sabes quien soy.

Daiana nunca había oído en las reuniones familiares sobre Silvina, mucho menos podría identificar a Yo, pensó en preguntarle a alguno de los vivos pero se arrepintió.
Rompió la carta en diez pedazos y publicó el baúl en Mercado Libre.


viernes

Pompas.

Exquisito placer el del agua tibia cayendo sobre la piel un día nublado y fresco. 
Jabón blanco cremoso que limpia sin resecar la sensación del delito cometido.



(c) Dana



miércoles

Dejá.

Dejá que me siente en el sofá, me haga un bollito, apoye la cabeza en tu hombro y bese tu cuello.
Dejame sentir el perfume que no tiene marca, el calor que no tiene cargo fijo.
Haceme mimos en el brazo con la punta de los dedos, abrazame.
Apretame fuerte contra tu cuerpo para que esté segura.
Sacá, por favor, la ansiedad que me quede encima con un beso que abarque cada milímetro de la boca, desde la comisura hacia el centro.
Que no me quede aire.
Que no me falten ganas.
Que sea lo que sea.
Que sueñe con vos.
Que quiera y te quiera.
Dale, dejá.