viernes

En qué ayer del mismo río. Mariana Sonego.

Confieso que he leído...sería el título de mis memorias, plagiando a un escritor español que publicó hace dos años un libro llamado así. 
Yo haría una gran reseña incluyendo todos las historias que pasaron por mis ojos. Mezclando títulos, haciendo lío como es costumbre.
Vamos al tema de esta entrada.



En qué ayer del mismo río es una novela llena de emociones intensas, tan claras. 
Un libro es lo que su lectura nos deja, me gusta pensarlo así, no puedo decir si es bueno o malo. Sí sobre las historias que contiene, y ésta es una buena. 
Lo que atrapa es la forma que tiene Mariana de contar. 
Hace un trabajo minucioso con las palabras, se nota el toque poético en una prosa que corre como el agua. 
La autora sabe dónde ubicar la tensión para luego ofrecer un lugar donde recostarse en la orilla. Maneja de manera precisa ese juego durante todo el texto. 
Habla del deseo, su eje central es el deseo.

Hay en esas manos una intensidad inusual. Parecen nacidas para tratar con lo que no entra en las palabras: traducirlo, transcribirlo, volverlo dúctil. Comestible. Son manos destinadas a trascender. Él quisiera apropiárselas, romperlas si fuera necesario, para absorber esa vocación innata para la felicidad.

Luna y Pedro, son medio-hermanos que se reencuentran después de mucho tiempo. La trama transcurre en un día.
Es una novela corta con dos tiempos narrativos ubicados en un mismo lugar, el Delta: En el pasado, un crimen del cual ellos fueron testigos. 
En presente, se mete en este reencuentro, con el deseo a flor de piel de ambos ya adultos. Los temores que cada uno tiene y el sentimiento de culpa sobre lo que intentan evitar.
En la intimidad de la isla, en medio de una tormenta, en tan solo veinticuatro horas los personajes se reconstruyen, se recuerdan y se sienten.

Está bien que ella llore y se limpie, que se vacíe hasta desfondarse, que el olvido no sea el monstruo del que se huye, sino la sombra tibia a la cual arribar, piensa Pedro, mientras Luna tiembla a su lado.

La voz la lleva un narrador que va y viene por la historia,  por momentos trata de entender como un lector. Como si no supiera qué va a pasar.
Cuenta como si estuviese leyendo el texto en ese mismo instante.
En una entrevista Mariana Sonego explica que el epílogo y los epígrafes del libro tienen un poco que ver con este tipo de narrador. Clarice Lispector, Chantal Maillard usan este estilo: "Es poesía el verso que describe fríamente aquello que acontece? Pero ¿qué es lo que acontece?
Al final esto se va resolviendo, y me di cuenta por qué la narración es así.

Tiene pasajes maravillosos que son para marcar. Párrafos que me dejaron con la boca abierta, tratando de asimilar la respuesta de mi piel a la belleza de las palabras. Fui parte de las dudas de los personajes, del miedo, el deseo. Casi al final, cuando Luna y Pedro van dejando atrás las preguntas, cuando ceden a la tentación, la intensidad es increíble. 
Mis mejillas se acaloraron y no es algo que pase seguido. Muy bien logrado el encuentro, con un desenlace que no imaginé para nada.

Es que el deseo es una fuerza que no se sabe, pero surca espacios exigiendo consumarse. Tan amoral como la naturaleza misma, es capaz de anudarse a los lugares insospechados. Un taco, un rulo, el lóbulo de una oreja pueden convertirse -indistintamente- en el fermento y su chispa incendiaria.

Sorprende gratamente este libro. 
Durante toda la lectura me dejé llevar por el movimiento del agua, quien haya nadado en el río sabe que todo cambia en cuestión de minutos. 

Da placer encontrar nuevas voces que te lleven de a poquito por la trama, con ganas de saber más.


En qué ayer del mismo río.
Mariana Sonego 
Indómita Luz Editorial

Mañana sábado 17 de agosto, a las 16 hs en el programa Kriminal Mambo SOMOS RADIO AM530, voy a estar leyendo un fragmento de este precioso libro. Pueden sintonizarlo en el dial o escucharlo por internet.
Buen fin de semana para todos.

#bollito

Dejá que me siente con vos en el sofá, me haga un bollito, apoye la cabeza en tu hombro y bese tu cuello.
Sienta ese perfume que no tiene marca, tu calor sin cargo fijo.
Quiero mimos en el brazo con la punta de los dedos.
Que me abraces.
Te lleves la ansiedad que tengo encima con un beso que abarque cada milímetro de mi boca, desde la comisura hacia el centro.
Que no me quede aire.
Que no me falten ganas.
Que sea lo que sea.



miércoles

Collage vitae. Sebastián González.

Collage es una técnica que consiste en ensamblar distintos elementos en un todo unificado.
Juntar partes, hacer que formen algo que se defina en conjunto, aunque cada "material" que lo constituya tenga su propio sentido.
Collage vitae, collage de vida dice el prólogo de Nora Coria.
La vida misma, somos pedacitos de distintas cosas formando un todo.
La poesía no es ficción, parece una obviedad, pero lo que pretendo decir es que es muy fácil ser otro cuando uno escribe un cuento o una novela, por ejemplo.
La persona que escribe poesía derrama/vomita su ser en la hoja en blanco, encuentra la forma perfecta de envolver emociones de todo tipo en lenguaje poético.

Collage vitae y mis post it, en invierno.



(...)
Vomito hilos de palabras,
los arranco de mis entrañas.

No hay manera de esconderse detrás de un personaje cuando se escribe poesía, cualquiera sea la técnica, estilo barroco o muy moderno. Uno se expone, se arma y se desarma con cada verso. 
Eso pasa en Collage vitae.
Sebastián escribe claro, no necesita adornos en su escritura. Es conciso, por momentos duro y en muchos otros comparte una frágil sensibilidad. 
Te habla del amor desde los dos costados, viviendo a pleno en él y, a la vez, temiendo su ausencia.
Se muestra vulnerable y los lectores sentimos que todo: las dudas, los miedos y esa fragilidad, son parte de este collage de vida que vamos armando. Que está bien que así sea.

La miro y no tengo dudas,
eso me aterra
porque en lo firme de la incertidumbre
eran felices mis pies inquietos.

Pero también nos demuestra que se pueden expulsar las perplejidades, que atravesando ciertos procesos uno llega a exteriorizar lo que "raspa adentro".
Que siempre se puede cambiar, bajar el ritmo, observar, sentir más o menos pero no quedarse callado.
Voy a transcribir Decir

Hoy brindo por poder decir.
Porque aprendí a decir
para que nada se pudra adentro, 
para evitar olores nauseabundos
cada vez que inhalo.
Decir.
Decir de cualquier manera.
Ya sé, tal vez
lo dirías distinto.
Igual, no dejes de decirlo, 
de gritarlo cuando necesites,
de susurrarle a alguien
mientras te abraza.
Decir, 
para evitar
el hedor interno de lo callado.


Me gustó mucho haber podido rescatar oraciones sueltas que, leídas fuera del contexto del poema, despertaron varias cosas. Abría al azar y armaba un texto nuevo, como un juego.
¿Cómo no va a ser un collage?




Collage vitae 
Sebastián González



domingo

*1986

Cuando me mudé a Capital Federal odiaba mi nuevo hogar. 
Era un departamento antiguo con techos altos, los marcos de las puertas y de las ventanas estaban pintados de rojo furioso. Pasar de una casa con parque a eso era desconcertante y si le sumamos que entre los muebles heredados había una escultura de cemento, con forma de cabeza humana y rasgos bien logrados, todo era mucho peor. Lo bauticé Bartolomé, creyendo que si le ponía nombre aterraría menos.
Mi mamá era hippie y mi papá -que se invitaba todos los domingos a comer ravioles-, vendía especias en zona sur. Los recuerdo separados desde siempre, no hay registros en mi mente de la familia unida.
Como a cualquier adolescente me costaba horrores abrir los ojos un domingo al mediodía, casi que recién llegaba de bailar.
De todos modos lo hacía, acomodaba mi jopo ochentoso, me limpiaba el rimel desparramado de las mejillas con la sábana y vaciaba medio desodorante dentro de ese cuarto que olía a tabaco y alcohol.
Sonreía al ver a mi padre, creo que de a ratos seguía enamorada de él.



Como si existiese el perdón. Mariana Travacio.

Hay formas y formas de llegar a un libro, me hice de esta belleza de la siguiente manera: alguien me lo recomendó y no satisfecho con eso, me lo regaló. Gracias Marcelo Rubio, fue enorme placer su lectura.





Podría decirles que la prosa de Mariana Travacio es impecable, sí, se nota en el primer capítulo de los 62. Podría decirles que es realista, clara, potente, otro detalle que se lee desde el inicio. 
También puedo contarles que es una historia de venganza, de miedos, amor, amistad y de respeto. Todo eso en comunión con el toque poético que nos regala su autora en varias partes, muchas de esas frases que te arrancan ¡ay!

Desde ese día aprendí a amansar el viento ese que me venía por dentro todas las mañanas, como si lo estuviera domando para más adelante, para cuando el Tano me dijera: ahora, Manoel, que el viento te empuje ahora.

Un pueblo que no se sabe dónde está ubicado ni en qué tiempo, un equívoco, una muerte que lleva a otra, y todo termina en un plan para cobrar venganzas actuales y del pasado. Un grupo de hombres a caballo van a vengar el asesinato de un amigo, a la estancia de los Loprete.
Puede pensarse como un policial, pero no es el típico policial, sus personajes no son héroes, ni siquiera los leí como asesinos. Se enfrentan porque tienen que hacerlo, aunque no puedan tolerar el olor a muerte o el dolor del compañero herido.

Yo no terminaba de sacudirme la sorpresa, seguía tirado en el pasto, como buscando despertarme del letargo para comprobar que todo no pasaba de un mal sueño, pero el que me despertó fue el Tano. Me zamarreó con la convicción del apremio: ¿qué te pasa, Manoel?, despertate, y fue como si se me acabara el letargo con ese zamarreo. Miré a mi alrededor y entendí todo de golpe: nos estaban matando.

Tiros, violencia, muertes y cuerpos apilados en una carreta, bajo el sol insano del mediodía, del Tano rodeado de cuerpos deshechos: esos pedazos de carne que le llevábamos al viejo Antonio para que nos hiciera unos cajones.
Y Rubio, no conforme con la recomendación y el regalo, sumó una frase que me parece excelente para que sea bien visual la lectura: "Es una película de Tarantino con la belleza de Kurosawa".

Me gustó mucho esta novela, me pareció super interesante la manera en la cual la autora me llevó por la historia: sin apuro pero con constancia. 
Es uno de esos libros que empezas y no podes soltar. 


Como si existiese el perdón.
Mariana Travacio.
Metalúcida.