viernes

#10

Mi amor por la lectura empezó como a los 10 u 11 años, vivíamos aún en la casa de Bernal. Mi madre tenía una biblioteca grande, llena de libros de todo tipo y color. Sigue teniendo casi los mismos títulos hoy en día.
Había de medicina, de política y novelas. Había uno que estaba hueco, con una botella de licor en su interior.
El primero que leí fue Tiburón, que me dio tanto miedo pero tanto. Mas que la película. Mi papá nos llevó a verla a mi hermanita y a mi, que horror la claustrofobia que me dio cuando pasaban esa escena que estaban los turistas en un túnel de vidrio bajo el mar y Tiburón chocaba la trompa contra ellos...nunca mas pude ver escenas del fondo del mar, ni en el acuario. 
Después El último tanto en París. Claro, pensarán. Ahora la entiendo, o viceversa. Me devoré el libro (inserte carita "te pusiste toda colorada" aquí). 
Bestiario, algunos de Poldy Bird y Los que se fueron a la porra, de Alvaro de la Iglesia, que fue el primer libro que me hizo reír a carcajadas. 
Y nunca jamás pude parar.


1983/4/5


Buen fin de semana amigos!

miércoles

#9

Bueno, esto es así. O escribo cada muerte de obispo o seguidito seguidito.
Vacaciones con un niño pre adolescente, es muy difícil encontrar lugares para ellos, que se copen. Lo llevé al Palais de Glace que exhibe hasta agosto Los Ángeles de Charly, muestra fotográfica de Andy Cherniavsky, Hilda Lizarazu y Nora Lezano.
Demás está decir que la muestra es genial y gratis. Vayan, vean, disfruten.
Pero el tema de esta entrada es otro.



El Zorrito.
Una noche de baile fuimos con mis amigas a El Ángel. 
Estaba en el cine Los Ángeles de Av. Corrientes y Callao, antes de que se convirtiera en local de hamburguesas. Sí, ahí ví Dumbo entre tantas otras, de pequeña.
No estaba tan bueno como boliche, pero tenía un escenario, balcones y a Pablito Ruiz dando vueltas siempre.
Esa noche Charly se subió al escenario y tocó su versión del himno. Desde el balcón veía al Zorrito en primer plano. Estaba hasta las manos con él (capaz me van sacando los gustos no?).
Cuando terminaron corrí escaleras abajo y me lo choqué de frente. El sonrió y ahí mismo le dije que era hermoso. No, dijo. Que va a contestar?
Que sí que no, que sí que no...beso 1, beso 2 beso etc., teléfono, abrazo. Nos vemos.
Lo llamé un montón de veces, hablaba con su mamá, lo ví tocar en varios lugares. En fin, era una groupie cualquiera.
Hasta que se me pasó, porque todos crecemos en algún momento.


martes

#8 bis

Para llegar a El Dorado desde casa, Jim Michael decidió tomar un taxi. 
Nunca tomaba taxis para ir a bailar, era un lujo. Pero bueno, me estaba dejando llevar.
Luego de atravesar la puerta, el cortinado de terciopelo y a dos musculosos pelados, entramos a uno de los lugares mas increíbles del momento. El Dorado fue el primer boliche de Buenos Aires que contrató drags. Y esa noche estaban todas al fondo, en la cocina.
Lleno de gente, calor insoportable. Humo, hermoso.
Cruzamos todo el lugar de la mano. Creo que ahí adentro estaba seguro, su novia quedaba afuera emocionalmente hablando. 
Era la cocina de una casa antigua y enorme, había 6 o 7 drags, llamativos, divos, maquillados a mas no poder. Que gritaban, bailaban, se tocaban. Era un caos lleno de brillos. Con el minishort y las medias red me sentía recién llegada de la provincia, se imaginan.
Jim Michael se acercó a uno y le habló al oído, tenía que estirarse porque medían como dos metros. Metió la mano entre sus pechos postizos y le dio algo.
Nos fuimos al salón, a lo lejos vi que el sillón Luis XV que estaba cerca de la ventana se desocupaba y arrastré al chico hasta ahí.
"Estoy agotada, me duelen las piernas." Recuerden que venía del recital de Soda en Obras. "Quedate un rato sentada que yo ya vuelvo, dijo."
Lo vi ir hacia el baño, seguramente a empolvarse la nariz.
Disfrutaba mi trono cuando a lo lejos, entre cuerpos transpirados, asomaron los rulos mas lindos del Universo. Eran como la melena del Rey León, como los pelos de Tina Turner, como: era un dios del Olimpo, MI chico, mío hasta unos meses atrás que había decidido dejarlo porque nunca lo tuve en serio.
Me vio, sonrió con la sonrisa perfecta que usaba en esas ocasiones. Se agarró de los apoyabrazos y me dio tremendo beso.
Bueno, pará Dana, tanto? Preguntarán. Sí, tengo mas testigos que, así como pueden afirmar el parecido de Jim Michael a Jim y a Michael, afirmarán sin dudarlo que era -sigue siendo- uno de los hombres mas lindo del mundo.
La secuencia que continúa no me enorgullece, me sentí mal un tiempo, un par de horas, bueno un ratito.
Rulos me siguió besando y yo sin pensar.
Llegó Jim Michael, se paró detrás de Rulos que le sonrió y lo saludó como si nada.
"Está conmigo." "Ella?""Sí, quién va a ser."
Rulos me miró y dijo "Nos vamos de acá?" "Sí, dale."
"Te vas a ir con él? Viniste conmigo!"
El, Rulos, decidió ir a buscar el auto sin esperar mi respuesta porque Rulos estaba muy seguro de si mismo.
Jim Michael salió de El dorado con la cara por el piso, se sentó en la vereda. Me acerqué y le dije que no era para tanto, que tenía novia. Me contestó que eso no se hacía, que si iba con el me iba con el.
"Qué? No, dije, no es así. Tenes toda la onda, sos muy lindo pero me voy."
Y Rulos frenó en la puerta.
Cuando el auto arrancó, miré para atrás. Jim Michael seguía sentado en el piso con la cabeza entre las piernas. Pensé que era un bajón, que me había acompañado a casa, me había invitado a salir y que había pagado un taxi, me merecía un castigo. Hasta que escuché: "Vamos para casa?" y me olvidé de todo.
Al hombre mezcla perfecta lo vi una vez más en una fiesta, me ignoró completamente. Lo bien que hizo.
Rulos siguió en la suya, como siempre.
Y yo me enamoré de otro flaco de pelo largo enrulado, vecino del Rey León, que competía cuerpo a cuerpo con éste por las conquistas. 
Claro que sí, me metía en otro quilombo.


1992

Para entender algunos detalles pueden leer #8
Aunque acá no se obliga a nadie.



lunes

Emoticon de Carita Feliz.

Estaba escribiendo la secuela de mi última entrada, lo juro, y me llegaron los libros de Jorge Curinao.
Dos cosas: Me encanta recibir cartas, encomiendas, lo que sea que venga con estampillas.
Otra, la generosidad de este hombre que sacude todas las normas de la época, me emociona.
Gracias Jorge!
Voy a leerlos y les cuento.
Pueden visitar su blog, no se van a arrepentir.



martes

#8

El día que Soda Stereo presentó Dynamo en Obras, me encontré de casualidad con el barman de la Fiesta Nómade en la puerta. Estaba claro que me gustaba, estaba claro que yo a él pero tenía la novia mas brava del Universo, mas que Gladys la bomba tucumana.
Me invitó a bailar. "Vamos al Dorado, nena.""Y vamos, pero antes acompañame a casa que me quiero cambiar."
Estaba de jeans y zapatillas, mojada hasta la bombacha porque...40° sombra ese diciembre.
Fuimos desde Nuñez a Congreso, no recuerdo ni en que ni que hablamos ni si hablamos. No me acuerdo su nombre, si el de su chica que era repetido constantemente.
Como ya leyeron mas abajo, mi casa era rara. Además de los marcos rojos y la cabeza masculina de cemento en el piso, convivían naturalmente el reproductor de cd mas moderno de la época y un televisor blanco/negro sin control remoto.
Lo dejé en el living mientras desaparecía con mis medias red y el minishort de jean gastado.
Cuenta mi madre, que estaba a oscuras en su cuarto, que este muchacho -mezcla perfecta de Jim Morrison y Michael Hutchence- empezó a chusmear por la casa.
Cuando salí al grito de "estoy lista" me dice fascinado: "Tu casa es la combinación perfecta de los '70 con la modernidad!". "Ah si?" 
Era tan normal para mí.
Nos fuimos diez segundos después.
Lo que pasó en el Dorado es parte de otra historia que habla de rulos y sillones Luis XV.


1992