miércoles

#7

Cuando me mudé a Capital odié mi nuevo hogar. 
Era un departamento antiguo, con techos altos y los marcos de las puertas pintados de rojo furioso. Pasar de una casa con parque a eso era desconcertante y si le sumamos que había entre los muebles heredados una escultura de cemento con forma de cabeza humana con los rasgos perfectamente logrados, peor. Lo bauticé Bartolomé, creyendo que si le ponía nombre aterraría menos.
Mi mamá era hippie y mi papá, que se invitaba todos los domingos a comer ravioles, vendía especias en zona sur. Los recuerdo separados desde siempre, digo, no hay registros en mi mente de la familia unida. 
Como a cualquier adolescente me costaba horrores levantarme un mediodía dominical, casi que recién llegaba de bailar. Pero lo hacía. 
Acomodaba mi jopo ochentoso, me limpiaba el rimel desparramado de las mejillas con la sábana y vaciaba medio desodorante dentro de ese cuarto que olía a tabaco y alcohol. 
Sonreía al ver a mi padre, creo que de a ratos seguía enamorada de él.



1987



8 comentarios:

  1. Al ser rata de departamento, cuando voy a casas con jardín y todo eso solo veo los problemas para mantener limpio y ordenado todo eso, los costos, el tener animales correteando, etc...

    O será mi consuelo inconsciente...

    La relación padre/hija es la fascinación misma... Saludos 🙋

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    1. Jaja imagino que esos problemas los vería yo si siguiera viviendo en una casa con parque...pero no! Por suerte me hice super fanática de los departamentos.
      La relación con mi padre es para escribir infinitos puntos rojos #
      Veré si me animo.
      Saludos!

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  2. un amigo tenia la cabeza del padre pío entre las plantas del jardín...
    era raro encontrarlo mirando de repente...
    debería ser impagable esa carita de almuerzo dominguero...
    la disyuntiva entre el malhumor resacoso y la alegría del reencuentro.
    abrazo

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    1. Cuando vaya a ver a mi madre, le saco una foto. Sí, aún es parte de la familia!
      Comer ravioles con resaca. Te digo todo.
      Otro abrazo!

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  3. Durante mi infancia pasé por varias viviendas, una peor que la otra, hasta que a los siete años nos mudamos a una casa con fondo, que mi padre convirtió en huerto y donde me encantaba estar.
    Mi relación con él fue bastante conflictiva debido a su severidad, exigencia y malos humores. Me gustaría que cuentes cómo fue ese amor por el tuyo. ¡Animate, Dana!
    Besos.

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    1. Ay Mirella! Tendría que encontrar las dosis justas de reproche, ironía, aceptación y amor!! Para no hacer un escrito que duela por algún lado. Sigue siendo difícil la relación, hay mucho amor pero el enamoramiento no...ja!
      Mi abuelo yugoslavo era dueño de esa casa, tenía carpintería en el fondo y huerta...y era lo más.
      Beso!

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  4. Yo recuerdo mi infancia con momentos maravillosos de un padre que, conmigo inventaba de los mas diversos juegos. Lo celebro profundamente, sobretodo que hoy se lo puedo decir.

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    1. Eso es maravilloso!
      Yo lo tuve, de ambos pero cada uno en su lugar.
      Mi infancia fue feliz a pesar de su decisión.
      Más tarde llegaron los planteos. Mas intensos...por ese mismo a pesar! Pero tengo la dicha de poder mirarlos a los ojos aún. ♥ y eso le gana todo.
      Beso Dani!

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