viernes

#5

Una de las materias que cursé en la secundaria fue mecanografía, el primer día me obligaron a hacer un babero de cartón que debía colgarme al cuello tapando la máquina de escribir para memorizar el teclado y no mirarlo para nada.
En casa tenía una Maritsa 11 portátil con la que me hacía la escritora.
Una vez mientras practicaba con el babero puesto, escuchando a The Doors a un volumen altísimo, el ventanal del balcón se abrió de par en par y desde el otro lado -en el palier-, un anciano enojado levantó su sombrero y se despidió.
Ese fue mi primer encuentro cercano con fantasmas.
Hoy te escribo sin mirar el teclado.



1986




lunes

#4

En la era de los teléfonos fijos y las conversaciones sin emoticones, conocer gente en la calle era normal. Una vez caminaba con una amiga por Avenida Santa Fe,  ella pasaba parte de las vacaciones en casa y me avisaba por carta cuando iba a venir. Se quedaba una o dos semanas, no dependía de nada. 
Mirando vidrieras fue que conocimos a tres chicos, nos siguieron, pegamos onda y nos pasamos los datos necesarios: vivo en tal lado y paramos en tal plaza. 
Nos juntamos un par de veces. La última fue en un departamento de Recoleta, jugábamos cartas por prendas de ropa, las chicas ganábamos por paliza. Ellos estaban a punto de quedarse en calzones, cuando nos descubrió la empleada. 
Fin de la cita.


1989