martes

Salud escritores!

"(...) Pero yo no soy una escritora. Soy simplemente un ser humano en busca de expresión. Escribo porque no puedo impedírmelo, porque siento la necesidad de ello y porque esa es mi única manera de comunicarme con algunos seres, conmigo misma. Mi única manera."
Victoria Ocampo


Día del Escritor.
Feliz día a los que no pueden impedirlo y escriben.

Y gracias porque...aquí una adicta a leer!
Qué haría sin ustedes?!



miércoles

Te quiero, extraño.

Un encuentro al año no parece lo mas acertado teniendo en cuenta el sentimiento expreso del cuerpo de uno hacia el cuerpo del otro. 
Casi una exigencia la de envolverse en sudor, pegotearse con fluidos varios y sacudirse con ritmo desparejo, por la ansiedad, por la torpeza.
No es correcto que pase ese tiempo sin sentirse, sin gozarse. No lo ven injusto? 
Esperar un año para abrazarse como nunca, mirarse con bravura, hundir los dedos en la carne. Besarse con sal, en el lugar mas feo de la tarde, inhóspito, incómodo, insulso. 
Un movimiento de memoria que se impulsa por ese amor que perdura, a través de.
Y que cuando estamos a punto uno pregunte que queres y el otro diga hoy lo que vos quierasNo importa si costó, si fue aparatoso, inapropiado, riesgoso, si dolió, si no era el lugar. Si lo dije yo si lo dijiste vos. Un latiguillo que se repite.
No importa si llegó queriendo mas, menos, igual. Si fue un engaño, un no podemos hacer tanto lío juntos. La excusa -que no varía- de pasar a saludarnos, dejó de funcionar hace mil. Fue desde el principio poco creíble, sabemos.
No importa, yo quiero todo de vos, todo lo que me dejes.
Y el otro se siente tan all inclusive.



#7

Cuando me mudé a Capital odié mi nuevo hogar. 
Era un departamento antiguo, con techos altos y los marcos de las puertas pintados de rojo furioso. Pasar de una casa con parque a eso era desconcertante y si le sumamos que había entre los muebles heredados una escultura de cemento con forma de cabeza humana con los rasgos perfectamente logrados, peor. Lo bauticé Bartolomé, creyendo que si le ponía nombre aterraría menos.
Mi mamá era hippie y mi papá, que se invitaba todos los domingos a comer ravioles, vendía especias en zona sur. Los recuerdo separados desde siempre, digo, no hay registros en mi mente de la familia unida. 
Como a cualquier adolescente me costaba horrores levantarme un mediodía dominical, casi que recién llegaba de bailar. Pero lo hacía. 
Acomodaba mi jopo ochentoso, me limpiaba el rimel desparramado de las mejillas con la sábana y vaciaba medio desodorante dentro de ese cuarto que olía a tabaco y alcohol. 
Sonreía al ver a mi padre, creo que de a ratos seguía enamorada de él.



1987



jueves

La habitación alemana. Carla Maliandi

El sábado fuí a ver la muestra del fotógrafo Mick Rock sobre David Bowie. Me encanta Bowie, su música, su arte, su creatividad, su vida.
Montaron la muestra en un salón de La Rural, en medio de La Rural. Me parece el lugar más desacertado para una muestra de fotografía porque la iluminación es malísima y los fierros del techo hacen sombra sobre las fotos. No se quién estaba a cargo pero pensemos un poquito.
Después de ver la película autobiográfica de Rock, que se llama Rock en serio, nada mas oportuno, salí con sobredosis de psicodelia.
A un nivel tan alto de excitación que caminé como quince cuadras sin darme cuenta.
Era de noche, el te de limón me hizo bien.
El domingo amaneció horrible pero no soy de las que se quedan en casa por el pronóstico del tiempo, así que agarré mi cámara y salí a caminar. Sin dirección ni estrategia.
Terminé en la Parroquia San Benito Abad, escuchando música clásica. No me pregunten cómo, no lo sé.
Un cafecito en La Abadía y vuelta a casa, se jugaba el clásico y la calle lo sabía.
Cabildo un domingo a las seis de la tarde toda para mi. Pasé por una librería y una fuerza natural me empujó para adentro.
Perdida entre los bestsellers, mi amor, estaba La habitación alemana de Carla Maliandi.
Claro que la reseña legal la van a leer en internet.
Solo digo que el relato te lleva a una velocidad increíble, NECESITAS leer el siguiente renglón siempre. Tres días me duró y porque leía sólo en el tren... bueno, soy culpable de leer un poquito caminando con este también.
Claro que si vas tan rápido terminas estrellándote en el final.
No me terminó de gustar el final, no está mal, no. Pero muchas cosas que necesitaba resolver como lectora no las resolví.
Para mí, que no soy crítica ni editora ni nada más que devoradora de libros.

Pueden probar el vértigo y contarme. O lo dejamos así.
Sigo con Murakami, me falta un cuento que dejé por la mitad cuando me topé con la habitación.
Encuentran semejanzas entre mi fin de semana y lo que leí? Pues claro! El destino está escrito. Cuack.






lunes

#6

Me encanta bailar. Sepanlo por si me quieren invitar.
Paladium era mi segundo hogar, tenía menos de veinte y piernas de metro y algo. La música me volvía loca y no era tímida. Sigo igual. 
Para los que no conocieron El Templo era un galpón con escenario, medio piso arriba donde funcionaba el VIP y balcones laterales con gradas. Abajo, la pista encerrada entre tarimas. La barra en el centro justo cuando entrabas. 
Quedaba en Retiro sobre la calle Reconquista, hoy hotel cinco estrellas.
Ahí tomé el frozen mas rico de la historia...si pudiera recordar tu nombre barman.
Una noche con minishort y medias red, agitaba sobre la tarima mientras las luces me acompañaban (genio Luis). Un chico me pedía que baje una, dos, cinco veces hasta que se le ocurrió agarrarse de mi pierna y tirar, casi me caigo, casi porque mi guardaespaldas intervino a tiempo.
El Pelado con un pequeño empujón corrió al muchacho tres metros y se puso atrás mío con los brazos cruzados. Nuestro amor no llegó a concretarse porque éramos muy famosos ahí, no estaba bien visto. Ja!
Ojalá sigas buceando mares Néstor.
Dicen que esa historia inspiró a Mick Jackson y en Hollywood lo mas parecido a mi que encontraron fue Whitney Houston.


1988



martes

No más Campanita*.

Siempre sonreí, siempre a pesar de. 
Fuí Campanita*, golpeé las manos, sacudí el polvo y arengué: "Bueeeenooooo ya pasó!! A volar". Tuve, aún tengo, la facilidad de levantar el ánimo de cualquiera. Incluyéndome.
Nunca me banqué la depresión ni la melancolía ni el bajón ni la tristeza ni la inercia ni la pereza ni el embole ni la enfermedad ni la apatía ni la cordura.
Necesitaba gritar todo el tiempo "que vivan las hadas!" (inserte papelitos de colores aquí)
Hace poco que disfruto sentir como mis ojos se llenan de lágrimas por impotencia o tristeza. Disfruto estar sola en casa puteando en todos los idiomas porque No Puedo Hacerlo Sola y al mismo tiempo decirme que está bien No Poder. Salir un poco de mi mundo de fantasía y absorber realidades. 
Lo disfruto y me lo banco.
Aguante ser vulnerable.
Ni siquiera soy rubia.

*Tinker Bell



viernes

#5

Una de las materias que cursé en la secundaria fue mecanografía, el primer día me obligaron a hacer un babero de cartón que debía colgarme al cuello tapando la máquina de escribir para memorizar el teclado y no mirarlo para nada.
En casa tenía una Maritsa 11 portátil con la que me hacía la escritora.
Una vez mientras practicaba con el babero puesto, escuchando a The Doors a un volumen altísimo, el ventanal del balcón se abrió de par en par y desde el otro lado -en el palier-, un anciano enojado levantó su sombrero y se despidió.
Ese fue mi primer encuentro cercano con fantasmas.
Hoy te escribo sin mirar el teclado.



1986




lunes

#4

En la era de los teléfonos fijos y las conversaciones sin emoticones, conocer gente en la calle era normal. Una vez caminaba con una amiga por Avenida Santa Fe,  ella pasaba parte de las vacaciones en casa y me avisaba por carta cuando iba a venir. Se quedaba una o dos semanas, no dependía de nada. 
Mirando vidrieras fue que conocimos a tres chicos, nos siguieron, pegamos onda y nos pasamos los datos necesarios: vivo en tal lado y paramos en tal plaza. 
Nos juntamos un par de veces. La última fue en un departamento de Recoleta, jugábamos cartas por prendas de ropa, las chicas ganábamos por paliza. Ellos estaban a punto de quedarse en calzones, cuando nos descubrió la empleada. 
Fin de la cita.


1989



viernes

#3

Empecé a ir a bailar a la matiné de Dimensión, los domingos a las 7 de la tarde. Me hice un gran grupo de amigos, todos varones. Uno de ellos vivía a diez cuadras de mi casa, se llamaba Carlos y era rubio. 
Cada vez que pasaba por la cuadra, como mi edificio no tenía portero eléctrico, me lanzaba piedritas a la ventana, de un tercer piso. Entonces, cuando me asomaba él agitaba la mano como loco. Nos reíamos. Nunca nos besamos.


1987



jueves

#2

Pasé todo un verano en San Bernardo trabajando en un bar al que iba muy poca gente. De tan aburrida aprendí a usar rollers. 
Patinaba por la avenida principal con un vestido largo verde fluorescente. Estaba a punto de embarazarme por primera vez.


1995