jueves

La poción falsa.

Esa vez que nos quedamos solos y vos me llamaste a tu oficina, recuerdo el nudo en la boca del estómago.
Claro que no me gustabas pero había algo en tu perfume que me hipnotizaba al toque, siempre pensé que la gente que los preparaba le ponía sustancias mágicas.
Vos entrabas al piso y mi corazón quería salirse sin permiso.
Que más podía ser que ese olor que dejabas en el aire. No se entiende sino.
Esa vez que nos quedamos solos y fue la primera, me acerqué a tu despacho y me dijiste que pase.
"Sentate" fue. 
Y yo con una urgencia que no recordaba, me senté. 
"Dictame esos números así hago esta mierda más rápido" y yo te dicté.
Con un brazo en el escritorio y el otro sosteniendo el papel, mi camisa se abría para que puedas ver el corpiño de encaje y el rosario hindú que caía en medio de mis pechos. 
Cada vez que te decía un número me mirabas ahí, no a los ojos.
Sentía como el calor me hervía el estómago y bajaba hasta mi entrepierna.
Tenía unas ganas locas de que ese dictado no terminara nunca. 
Te lo juro, Andrés.
Pero al rato te canté el último y me dijiste: Listo, me voy.
Vi como te ponías el saco sin reaccionar ni levantarme. Sentía la respiración agitada, trataba de disimular la contorsión que mi cuerpo empezaba a hacer en la silla. Al moverte, el perfume me rodeo de nuevo, sentí como mi piel absorbía esa poción mágica. Tuve una epifanía...
Y te fuiste.





lunes

Va a pasar esto también.

Sobre la cama de dos plazas sentada en el borde del colchón hundido por el peso del alma y la retención de angustias, ella cantaba you are the only exception, but darling you are the only exception. 
Del otro lado, mirando hacia la ventana él tarareaba cambiar es bien, aún sin amor, aún sin creer. 
La canción nunca fue la misma.

miércoles

Amor

Quiero unir con un lápiz los lunares de tu espalda,
formar una constelación y
aprenderla de memoria.


lunes

Homenaje.

Estábamos sentados en el sofá, vos formalmente y yo en el apoyabrazos con las piernas para tu lado.
Leías a Pynchon, tan concentrado. Te gustaba más leer al lado mío que sólo -decías-, y con una mano sostenías el libro y apoyabas la otra en mí. 
Daba igual si era en las piernas, en la cabeza, sobre mi panza. Yo leía también, leía un suplemento de cultura viejo. 
Desde donde estaba tenía una visión completa tuya y vos la mano en mi pie. 
La pequeña contracción de tus hombros indicaba entusiasmo y esa mueca era satisfacción. Cada vez que pasabas la hoja, sacabas la mano de mí y llevabas el índice a la humedad de tus labios, frotabas la yema contra el papel y tus ojos se abrían expectantes, eso era asombro.
El brazo volvía donde antes, tu mano otra vez y el contacto. No podía concentrarme más que en tu figura, la respiración, tus dedos largos pero la boca por Dios la boca, me producía un deseo tan profundo mirarla, imaginarla en mi boca, tan tuya. 
Tenía registro de todos tus movimientos, sabía anticiparme porque te conocía como nadie. Mis ojos estaban tan acosadores que a los minutos de empezar a leer levantaste la cabeza y sonreíste. Inclinaste el torso, se miran, dejaste el libro sobre la mesita ratona, se presienten, sentí la piel erizarse, se desean. Se besan, se acarician, se desnudan...No hicimos el amor, él nos hizo a nosotros. De pronto esa presión en el pecho, el encuentro estaba terminando. Volveríamos a nuestras vidas, la mía en un ambiente superpoblado de libros y cuadernos. La tuya en otro lado. 
La imagen estaba cada vez más borrosa, los dos acostados en la alfombra y mis palabras, las últimas que recuerdo: se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son. 
No te veía ni al sofá ni a la alfombra. Ni tus manos ni tu sonrisa ni tu dedo índice todavía húmedo recorriendo mi espalda, ya no. 
Ya no me causó risa responder a tu Poema 12 con mi Amor 77, ya no. 
Tan cursi, tan ridículo responder que no somos, ya no.



martes

Cobarde


Sin red de por medio,
mirame a los ojos
que ellos no bloquean.